Fertilización nitrogenada en maíz: cómo definir la dosis óptima económica en Argentina
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Fertilización nitrogenada en maíz: cómo definir la dosis óptima económica en Argentina

El maíz es el cultivo más sensible a la nutrición nitrogenada de la pampa argentina. Una mala decisión de dosis o de momento de aplicación puede costar entre 1.000 y 2.000 kg/ha de rinde. La buena noticia es que existen herramientas locales bien calibradas —desde el N-min en pre-siembra hasta los modelos por ambientes— para ajustar la fertilización campaña tras campaña. Repasamos las recomendaciones que aplicamos junto a nuestros productores, basadas en trabajos de INTA y CREA.

Maíz temprano vs. maíz tardío: dos cultivos diferentes

El maíz temprano (siembras de septiembre-octubre) define rendimiento alrededor de fines de diciembre y enero, en plena demanda hídrica. Tiene techos altos pero está más expuesto a estrés hídrico en floración. El maíz tardío y de segunda (siembras de noviembre-diciembre) corre la floración a fin de enero o febrero, suele tener rendimientos más estables y se transformó en la base de la rotación en el norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe y Córdoba.

Cada planteo tiene su propia ecuación de fertilización. En maíz tardío, los trabajos de INTA General Villegas y de INTA Marcos Juárez muestran que las dosis óptimas económicas suelen ser un 20-30% menores que en maíz temprano, porque el potencial de rinde y la demanda de N son menores.

Diagnóstico de nitrógeno: N-min y rendimiento objetivo

La herramienta más usada es el balance N (suelo + fertilizante) = N objetivo. Para maíz de alto potencial (rindes de 10–12 tn/ha), los requerimientos rondan 22–24 kg de N por tonelada de grano. Es decir, un maíz que apunta a 12 tn/ha demanda aproximadamente 260–290 kg de N totales, de los cuales una parte proviene de la mineralización del suelo y otra del fertilizante.

El análisis de nitratos a la siembra (0–60 cm) es una práctica de costo bajo y alta precisión. Sumado al N inicial, permite estimar la dosis a aplicar para llegar al rendimiento objetivo, evitando subfertilizar lotes pobres o sobrefertilizar lotes con buen historial.

Dosis recomendadas según zona y rendimiento objetivo

En el norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe, para maíces tempranos de 10–12 tn/ha objetivo, las dosis suelen ubicarse entre 140 y 200 kg de N/ha (descontando el aporte del suelo). En maíz tardío y de segunda, los rangos bajan a 80–140 kg de N/ha en gran parte de la zona núcleo.

En la pampa arenosa y subhúmeda (oeste de Buenos Aires, sur de Córdoba, La Pampa), las dosis óptimas se reducen acompañando los rendimientos esperables y la oferta hídrica. Sobre estos ambientes el ajuste por antecesor (soja vs. trigo/maíz) también es importante: detrás de soja la oferta de N mineralizado es mayor.

Fuentes y momentos de aplicación

Las fuentes más usadas son urea granulada (46-0-0), UAN líquido (28% o 32% de N), CAN (nitrato de amonio cálcico) y mezclas físicas con P y S. La urea es la fuente más económica por kg de N, pero pierde más por volatilización si se aplica en superficie sin lluvia inmediata.

Dividir la aplicación mejora la eficiencia: una porción a la siembra (junto al arrancador con P y S) y el resto en V4–V6, cuando el cultivo entra en la fase de mayor demanda. En aplicaciones de cobertura, los inhibidores de ureasa (NBPT) reducen las pérdidas por volatilización entre un 40% y un 80%, una herramienta especialmente valiosa en años secos.

Fósforo, azufre y micronutrientes

El maíz exporta alrededor de 4 kg de P y 1,5 kg de S por tonelada de grano. La reposición de P en cada cultivo evita la caída progresiva de los niveles de suelo. En lotes con P Bray menor a 15 ppm, las respuestas a la fertilización fosfatada son consistentes.

El azufre se volvió limitante en gran parte de la pampa. Aplicaciones de 10–20 kg de S/ha (como sulfato de amonio, SPS o mezclas con yeso) son recomendables. En zinc, los lotes con largo historial agrícola y baja materia orgánica responden a aportes de 1–3 kg/ha.

Manejo por ambientes y agricultura de precisión

Los mapas de rinde, los mapas de conductividad eléctrica aparente (CEa) y las imágenes satelitales (NDVI) permiten dividir el lote en zonas homogéneas. Esto habilita dosis variables de semilla y fertilizante, ajustando el insumo a la productividad esperada de cada ambiente.

En la práctica, los productores de la red CREA y otros referentes trabajan con 2–4 ambientes por lote. La dosis de N suele variar entre 30% y 50% entre la zona de menor y mayor potencial. La inversión en tecnología se justifica rápidamente en lotes heterogéneos.

Híbridos y densidad de siembra

La densidad óptima depende del híbrido, el ambiente y la fecha de siembra. En ambientes de alto potencial trabajamos con densidades de 75.000–90.000 plantas/ha; en ambientes restrictivos, 50.000–65.000 plantas/ha. Bajar densidad en zonas pobres reduce el estrés intra-específico y suele mejorar el peso de grano.

La elección del híbrido contempla eventos transgénicos (Bt para lepidópteros, tolerancia a glifosato/glufosinato), tolerancia a sequía, ciclo y comportamiento sanitario frente a roya común, tizón y bacteriosis. Las redes de evaluación de INTA y los catálogos de los semilleros son una buena referencia local.

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