Fertilización de soja en la región pampeana: cómo planificar la nutrición del cultivo
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Fertilización de soja en la región pampeana: cómo planificar la nutrición del cultivo

Argentina siembra cerca de 16 millones de hectáreas de soja por campaña, con una creciente proporción de soja de segunda. En la mayor parte de los lotes de la región pampeana la respuesta a la fertilización es consistente, pero requiere un diagnóstico de suelo previo, una elección acertada del grupo de madurez y un manejo integrado de nutrientes. Repasamos las pautas que aplicamos junto al productor con base en trabajos de INTA, Fertilizar AC y la red CREA.

Diagnóstico de suelo: la base de todo plan de fertilización

Antes de definir el paquete de fertilización conviene contar con un análisis de suelo actualizado, idealmente a dos profundidades: 0–20 cm para fósforo (P Bray), pH, materia orgánica y bases; y 0–60 cm para nitratos y azufre de sulfatos. En lotes con largos planteos de soja sobre soja, los niveles de P y S suelen estar por debajo de los umbrales críticos.

Para soja, los trabajos de INTA y Fertilizar AC ubican el umbral crítico de P Bray entre 11 y 14 ppm para alcanzar el 95% del rendimiento máximo en gran parte de la pampa húmeda. Por debajo de ese umbral la respuesta a la fertilización fosfatada es consistente. En la pampa arenosa (oeste de Buenos Aires, sur de Córdoba), los ensayos de INTA General Villegas muestran respuestas adicionales por la limitante hídrica y por la baja capacidad de retención del suelo.

Fósforo: estrategias de reposición vs. suficiencia

Existen dos grandes estrategias. La de suficiencia apunta a corregir la deficiencia inmediata aplicando lo justo para el cultivo de la campaña. La de reposición o reconstrucción busca devolver al suelo todo el P extraído, e incluso elevarlo por encima del umbral crítico. En lotes con baja dotación, varios trabajos de INTA recomiendan al menos reponer el 100% del P exportado por el grano (aproximadamente 5–6 kg de P por tonelada de soja).

Las fuentes más usadas en Argentina son superfosfato simple (SPS, 0-21-0-12S), superfosfato triple (SPT, 0-46-0) y fosfato monoamónico (MAP, 11-52-0). El SPS aporta además azufre y calcio, una ventaja en lotes con largo historial agrícola. En siembra directa, la aplicación en banda a la siembra mejora la eficiencia respecto a la voleada en superficie.

Azufre y zinc: nutrientes que ya no son secundarios

La deficiencia de azufre se generalizó en la región pampeana producto de décadas de extracción sin reposición y de la baja deposición atmosférica. La respuesta promedio a la aplicación de S en soja se ubica en torno a 200–400 kg/ha en lotes con historia agrícola, según relevamientos de Fertilizar AC. Dosis de 10–20 kg de S/ha cubren la mayoría de las situaciones.

El zinc empezó a aparecer como limitante en lotes degradados, sobre todo en planteos sin rotación y con bajos niveles de materia orgánica. Ensayos de INTA Pergamino reportaron respuestas en estructura del cultivo y rendimiento con tratamientos combinados de P, S y Zn, especialmente en años con buena oferta hídrica.

Inoculación y tratamiento de semillas

La inoculación con cepas de Bradyrhizobium japonicum y B. elkanii sigue siendo la práctica más rentable del cultivo. Lograr una buena nodulación en el primer mes después de la siembra puede aportar entre el 50% y el 80% del nitrógeno que necesita la soja. La calidad del inoculante, la temperatura al momento de la siembra y el contacto con curasemillas químicos son factores críticos.

Los tratamientos profesionales de semillas (TPS) combinan fungicidas, insecticidas e inoculantes en una aplicación industrial controlada, asegurando dosis y cobertura. Sumar promotores biológicos o reguladores de crecimiento puede mejorar el vigor inicial, sobre todo en siembras tempranas con suelos fríos.

Elección del grupo de madurez según ambiente

La elección del grupo de madurez (GM) es uno de los principales determinantes del rendimiento. En la zona núcleo (sur de Santa Fe, norte de Buenos Aires, sudeste de Córdoba), siembras de primera de octubre suelen trabajar con GM IV cortos a IV largos; siembras de noviembre o diciembre, con GM III largos a IV cortos.

Para el centro y sur de Buenos Aires los grupos III y IV cortos se adaptan mejor por los ciclos más fríos. En el norte argentino (NOA, NEA) se usan GM más largos (V, VI, VII) con fechas de siembra más flexibles. Las redes de evaluación de INTA y de los semilleros publican datos por localidad: vale la pena consultarlas antes de definir el catálogo de variedades.

Soja de segunda: claves para no perder potencial

La superficie de soja de segunda creció fuertemente en las últimas campañas. El éxito depende de tres factores: liberar temprano el lote (cosecha de trigo o cebada antes del 15 de diciembre en zona núcleo), conservar humedad en el barbecho corto y elegir variedades de ciclo intermedio adaptadas a una siembra tardía.

En soja de segunda la fertilización con P y S sigue siendo rentable, pero requiere planificarla en el cultivo antecesor (típicamente trigo) para no perder ventana de siembra. Densidades de 35–45 semillas/m² con separación entre surcos de 38–52 cm son las más usadas en la región pampeana.

Monitoreo y manejo durante la campaña

Nuestro equipo de ingenieros agrónomos realiza monitoreos periódicos para detectar plagas (chinches, orugas defoliadoras, isoca medidora), enfermedades de fin de ciclo (mancha marrón, tizón, EFC), roya asiática y deficiencias nutricionales visibles. La detección temprana suele permitir intervenciones más eficientes y de menor costo.

Llevar un registro por lote (siembra, fertilización, aplicaciones, monitoreos y rinde de cosecha) es la mejor herramienta para mejorar año a año. La trazabilidad agronómica también es un requisito creciente para mercados premium y certificaciones de producción sustentable.

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