Siembra de trigo en Buenos Aires: claves para rendimiento y calidad panadera
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Siembra de trigo en Buenos Aires: claves para rendimiento y calidad panadera

Argentina sembró cerca de 6 millones de hectáreas de trigo en la última campaña, con una producción superior a 15 millones de toneladas (Subsecretaría de Agricultura). Variedad, fecha de siembra y fertilización nitrogenada definen tanto el rinde como la calidad comercial del grano. Compartimos las recomendaciones que aplicamos junto al productor para el centro y sur de Buenos Aires.

Elección de variedad: rendimiento, ciclo y grupo de calidad

Las variedades argentinas se clasifican en Grupo 1, 2 o 3 de calidad según fuerza panadera. Los Grupo 1 (calidad superior) suelen tener prima comercial y son demandados por molinos de calidad. Los Grupo 2 son los más sembrados y combinan buen rinde con calidad aceptable. Los Grupo 3 maximizan rinde pero tienen menor uso panadero.

Para el centro de Buenos Aires (Pergamino, Junín, 9 de Julio, Bolívar), las variedades de ciclo intermedio-largo con buena tolerancia a roya estriada y fusarium son la elección más segura. En el sur bonaerense (Tres Arroyos, Coronel Dorrego, Bahía Blanca), los ciclos largos con vernalización aprovechan los inviernos más fríos. Las redes de evaluación de INTA y CREA publican datos por localidad cada campaña.

Fecha de siembra y barbecho

La fecha óptima depende de la zona y del ciclo de la variedad. En el centro bonaerense, los ciclos largos se siembran entre fines de mayo y mediados de junio; los ciclos intermedios y cortos, entre fines de junio y mediados de julio. En el sudoeste bonaerense, las siembras se atrasan hacia julio y principios de agosto.

El barbecho largo (90–120 días) en lotes con rastrojo de soja o maíz acumula agua y nitratos. Un análisis de nitratos a la siembra (0–60 cm o 0–100 cm) es muy útil para definir la estrategia de fertilización.

Diagnóstico nitrogenado y dosis

El balance estándar es: N suelo (0–60 cm a la siembra) + N fertilizante = N objetivo. Para rindes objetivo de 4–5 tn/ha en zona núcleo, el N requerido total ronda los 130–180 kg/ha. Si el lote aporta 60–80 kg de N en el muestreo, la dosis de fertilizante se ubica entre 70 y 120 kg de N/ha.

Trabajos de INTA Pergamino, FAUBA y la cátedra de Cerealicultura muestran que la respuesta a la fertilización nitrogenada en trigo es uno de los retornos más altos de la rotación. En el centro-oeste de Buenos Aires, las dosis óptimas técnicas pueden superar los 140 kg de N/ha en lotes de alto potencial.

Momento de aplicación: macollaje y encañazón

Dividir la dosis entre dos momentos mejora la eficiencia y la calidad. Una primera aplicación al macollaje (Z21–Z25) define número de macollos y de espigas; una segunda al inicio de encañazón (Z30–Z31) sostiene el llenado y aporta a la proteína del grano.

La aplicación tardía (Z31–Z32) tiende a privilegiar proteína sobre rendimiento, una estrategia útil para variedades de Grupo 1 que apuntan a contratos de calidad. En aplicaciones de superficie con urea, los inhibidores de ureasa reducen pérdidas por volatilización en condiciones secas.

Fósforo, azufre y micronutrientes

El P se aplica a la siembra, idealmente en banda junto a la semilla. En lotes con P Bray menor a 12 ppm las respuestas son consistentes. Reponer al menos el 100% del P extraído por el grano (alrededor de 4 kg de P por tonelada) es la base de un planteo sustentable.

El azufre se sumó como nutriente limitante. Dosis de 10–15 kg de S/ha a la siembra cubren la mayoría de las situaciones. En lotes con muy largo historial agrícola, también puede aparecer respuesta a zinc y boro.

Calidad: cómo se construye la proteína

El contenido de proteína del grano depende fundamentalmente de la disponibilidad de N en la etapa de llenado (post-antesis). Variedades de buena composición de gluten responden mejor a dosis nitrogenadas elevadas tanto en rendimiento como en proteína, según trabajos de FAUBA y de Lerner, Arata y Arrigoni (UN del Centro).

Pasar del 10,5% al 11,5% de proteína suele cambiar la calificación comercial y la prima. Conocer la variedad, el potencial del lote y el mercado objetivo permite decidir cuánto invertir en N tardío.

Manejo sanitario: roya, fusarium y bacteriosis

Las principales enfermedades del trigo en Argentina son roya amarilla (estriada), roya de la hoja, mancha amarilla, fusarium de la espiga (FET) y bacteriosis. Un programa de fungicidas en hoja bandera (Z37–Z39), sumado a monitoreo semanal, es la herramienta más eficiente.

El fusarium se controla mejor en plena antesis (Z61–Z69) con triazoles específicos, en años con humedad alta y temperaturas templadas. La elección de variedades con buena tolerancia genética sigue siendo la primera línea de defensa.

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